La ciudad, lejos

Lo que se ve arriba es Rosario, visto desde una perspectiva diferente a la habitual. La línea de los edificios del centro se insinúa apenas contra la vegetación de las islas semiinundadas del Delta del Paraná. Esto no es el límite de la civilización: está apenas una media hora en barco más allá de ella.

Cuando uno está dentro de la ciudad, uno queda encerrado en ella. Puede moverse, e incluso pasear y entretenerse, en ella, igual que un ratón de esos que en los laboratorios entrenan para recorrer un laberinto complicado en el menor tiempo posible. La ciudad es el mundo, o por lo menos, un mundo en sí, como un planeta separado de los otros por un abismo.

Pero desde lejos… No son muchas las ciudades que se puedan ver desde una cierta distancia sin que la ilusión de totalidad (aquí es la ciudad, más allá es el campo, la ruta, el espacio vacío) se rompa. Gracias a los aviones y a los satélites podemos ver grandes urbes desde arriba enteras, pero desde nuestro familiar nivel del piso y con nuestros sentidos no podemos aprehender una ciudad entera, como decía Borges, “un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capitales, de espacios regulares y abiertos”. Borges reflexionaba sobre un guerrero bárbaro que acude al asedio de Ravena en el siglo VI, y se encuentra con lo que nunca ha visto, la Ciudad, y sabe “que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla”, pero ante la dimensión de los inmensos zoológicos humanos en los que vivimos, ¿no somos todos niños?

Cuando creemos ver una ciudad entera, lo hacemos siempre desde un punto de vista que incluye al entorno natural, y entonces no podemos engañarnos pensando que más allá de la ciudad está la nada. La ponemos en su lugar, y al mismo tiempo la perdemos.

パラナ川のデルタの島から見える景色はロサリオの町が大きな都市のようじゃないね。町に囲まれている時、町は世界と感心だろう。でも外、遠くから見ると、その感じが変わる。


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