Históricos

Cuatro esquinas, cuatro sobrevivientes. La gente de antes sabía construir y sabía hacerlo para el tiempo. El presupuesto les puede haber sido suficiente o abundante, pero nunca le negaron personalidad y estilo a las construcciones que iban a albergarlos a ellos y a sus familias, empleados y huéspedes (según el caso) y que estaban destinadas a hacerlo por décadas o por un siglo o por dos. Nunca fueron estrictamente utilitarios, o por lo menos, su concepto de lo útil era más amplio que el nuestro. Nunca construyeron “máquinas para habitar“, y seguramente no pensaron en un futuro en que, precaria o severamente, protegeríamos sus fachadas para que siguieran siendo iguales, inmutables, piezas de museo.

La única forma de recuperar la visión original, hoy, es venir a la ciudad como quien viene de un pueblo pequeño, como niños, y mirar bien hacia arriba, con el deleite de descubrir lo que ha estado ahí siempre. No es fácil ese estado de ánimo, hoy, mucho menos en medio del tráfico, de los vendedores callejeros, de los martillos neumáticos. Pero en aquellos tiempos ya habría ruido y distracción, como desde que el mundo es mundo.

… En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de labrar. Nada hay antiguo bajo el sol.
— Jorge Luis Borges, La dicha


A %d blogueros les gusta esto: